Por qué a Venezuela le falta energía pese a su riqueza petrolera y cómo eso limita su recuperación económica
Porque el chavismo se robó hasta el dinero para mantener la infraestructura de los servicios básicos.
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DELCY ENVIÓ
a sus
COLECTIVOS de la MUERTE 💀
a
ROMPER
LAS PANCARTAS
de los humildes
TRABAJADORES
QUE SOLO
PEDÍAN AUMENTO de SALARIO
y
de las PENSIONES
porque lo que ganan
NO
ALCANZA PARA COMER🍽️
PERO DELCY dice que
NO
HAY DINERO💵PARA AUMENTOS
SOLO HAY DINERO💵PARA ZAPATERO
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UN RÉGIMEN CAÍDO, PERO QUE AÚN DISPARA
«Estamos caídos» —la frase de Jorge Rodríguez filtrada— ni siquiera es lenguaje político. Pertenece al vocabulario del hampa. El de hombres descubiertos, cercados, esperando su captura. La revolución terminó hablando como banda.
Algo profundamente humillante para el chavismo. Y ya ni siquiera logran ocultarlo detrás de la vieja utilería revolucionaria de siempre, porque desaparecieron las boinas, los gritos antiimperialistas, las cadenas patrióticas, los retratos gigantes de Chávez mirando al horizonte como si estuviera a punto de liberar Stalingrado desde Fuerte Tiuna. Toda aquella escenografía de parque temático ideológico: evaporada.
Se acabaron los años en que Fidel dictaba doctrina desde La Habana; Moscú ofrecía blindaje; Teherán abría rutas opacas y Pekín financiaba haciéndose el muerto. Los últimos en perdurar fueron ciertos operadores españoles que ofrecían sonrisa sacerdotal y mediaciones providenciales orbitando alrededor del petróleo, del oro y de aerolíneas extrañas.
Ahora se filtran conversaciones internas al PSUV y las fracturas dejan de esconderse. Ya no hablan como mandamases. Hablan como supervivientes.
La frase de Jorge Rodríguez, «Estamos caídos», merecería quedar grabada algún día en la entrada a Miraflores, cuando todo esto termine y alguien convierta el edificio en museo antropológico del desastre venezolano.
Algunos parecen resignados a negociar condiciones de supervivencia, otros siguen aferrados a la fantasía de una revolución soberana que jamás existió.
Y aun así siguen siendo peligrosos. Las estructuras represivas permanecen intactas; los presos políticos continúan encerrados; los colectivos circulan con absoluta normalidad. Un anciano sale de prisión y encuentra su apartamento ocupado por el mismo funcionario policial que participó en su secuestro.
Trabajadores despedidos por razones políticas intentan reclamar reenganches ordenados por organismos del propio sistema y reciben colectivos motorizados rompiéndoles pancartas delante de las cámaras. Un hombre intenta explicar que aquella cartulina la hizo su hija con dinero que ya no tienen, y alrededor aparecen motorizados empujándolo como si estuvieran dispersando una invasión extranjera.
El régimen conserva intacta su capacidad de daño. Pronuncia palabras como «amnistía» y la maquinaria de intimidación sigue funcionando con macabra normalidad. Habla de aperturas mientras sus operadores políticos en la falsa oposición diseñan cronogramas electorales pensados para dosificar la transición, redistribuir cuotas y bloquear cualquier ruptura verdadera.
Después llega Panamá. Ciertas fotografías producen rechazo inmediato dentro y fuera del país. Reflejos alérgicos masivos aparecen frente a determinados rostros. Y de pronto esos mismos rostros reclaman las regionales primero. O sea: reciclar estructuras agotadas, redistribuir cuotas, oxigenar operadores y reconstruir parcialmente el ecosistema político antes del verdadero cambio de poder. Son las ortigas de siempre minando el terreno.
En paralelo aparecen documentos alrededor de Zapatero con referencias a amnistías, reformas y escenarios electorales escalonados. Vaya coincidencia. Durante años aquel hombre se presentó como una especie de monje civil del diálogo. Ahora aparece rodeado de rutas financieras, negocios opacos, petróleo venezolano, intermediaciones aéreas, tráfico de influencias y agendas políticas que parecen escritas por un Graham Greene caribeño bajo fiebre palúdica y exceso de ron diplomático.
Pero detrás siguen existiendo seres humanos concretos. Familias partidas durante décadas. Ancianos muriendo solos. Jóvenes convertidos en diáspora. Presos olvidados. Niños creciendo lejos de sus padres. Un país entero suspendido durante un cuarto de siglo dentro de una demolición meticulosa y lenta.
Todo eso con cárceles llenas, y colectivos circulando. Un régimen caído que todavía respira y puede seguir matando durante años.
X. P.
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UN RÉGIMEN CAÍDO, PERO QUE AÚN DISPARA
«Estamos caídos» —la frase de Jorge Rodríguez filtrada— ni siquiera es lenguaje político. Pertenece al vocabulario del hampa. El de hombres descubiertos, cercados, esperando su captura. La revolución terminó hablando como banda.
Algo profundamente humillante para el chavismo. Y ya ni siquiera logran ocultarlo detrás de la vieja utilería revolucionaria de siempre, porque desaparecieron las boinas, los gritos antiimperialistas, las cadenas patrióticas, los retratos gigantes de Chávez mirando al horizonte como si estuviera a punto de liberar Stalingrado desde Fuerte Tiuna. Toda aquella escenografía de parque temático ideológico: evaporada.
Se acabaron los años en que Fidel dictaba doctrina desde La Habana; Moscú ofrecía blindaje; Teherán abría rutas opacas y Pekín financiaba haciéndose el muerto. Los últimos en perdurar fueron ciertos operadores españoles que ofrecían sonrisa sacerdotal y mediaciones providenciales orbitando alrededor del petróleo, del oro y de aerolíneas extrañas.
Ahora se filtran conversaciones internas al PSUV y las fracturas dejan de esconderse. Ya no hablan como mandamases. Hablan como supervivientes.
La frase de Jorge Rodríguez, «Estamos caídos», merecería quedar grabada algún día en la entrada a Miraflores, cuando todo esto termine y alguien convierta el edificio en museo antropológico del desastre venezolano.
Algunos parecen resignados a negociar condiciones de supervivencia, otros siguen aferrados a la fantasía de una revolución soberana que jamás existió.
Y aun así siguen siendo peligrosos. Las estructuras represivas permanecen intactas; los presos políticos continúan encerrados; los colectivos circulan con absoluta normalidad. Un anciano sale de prisión y encuentra su apartamento ocupado por el mismo funcionario policial que participó en su secuestro.
Trabajadores despedidos por razones políticas intentan reclamar reenganches ordenados por organismos del propio sistema y reciben colectivos motorizados rompiéndoles pancartas delante de las cámaras. Un hombre intenta explicar que aquella cartulina la hizo su hija con dinero que ya no tienen, y alrededor aparecen motorizados empujándolo como si estuvieran dispersando una invasión extranjera.
El régimen conserva intacta su capacidad de daño. Pronuncia palabras como «amnistía» y la maquinaria de intimidación sigue funcionando con macabra normalidad. Habla de aperturas mientras sus operadores políticos en la falsa oposición diseñan cronogramas electorales pensados para dosificar la transición, redistribuir cuotas y bloquear cualquier ruptura verdadera.
Después llega Panamá. Ciertas fotografías producen rechazo inmediato dentro y fuera del país. Reflejos alérgicos masivos aparecen frente a determinados rostros. Y de pronto esos mismos rostros reclaman las regionales primero. O sea: reciclar estructuras agotadas, redistribuir cuotas, oxigenar operadores y reconstruir parcialmente el ecosistema político antes del verdadero cambio de poder. Son las ortigas de siempre minando el terreno.
En paralelo aparecen documentos alrededor de Zapatero con referencias a amnistías, reformas y escenarios electorales escalonados. Vaya coincidencia. Durante años aquel hombre se presentó como una especie de monje civil del diálogo. Ahora aparece rodeado de rutas financieras, negocios opacos, petróleo venezolano, intermediaciones aéreas, tráfico de influencias y agendas políticas que parecen escritas por un Graham Greene caribeño bajo fiebre palúdica y exceso de ron diplomático.
Pero detrás siguen existiendo seres humanos concretos. Familias partidas durante décadas. Ancianos muriendo solos. Jóvenes convertidos en diáspora. Presos olvidados. Niños creciendo lejos de sus padres. Un país entero suspendido durante un cuarto de siglo dentro de una demolición meticulosa y lenta.
Todo eso con cárceles llenas, y colectivos circulando. Un régimen caído que todavía respira y puede seguir matando durante años.
X. P.
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Solo en las tramas de corrupción de Alex Saab y José Luis Rodríguez Zapatero (una operada en nombre de Nicolás Maduro y otra alrededor de Delcy y Jorge Rodríguez) les robaron a los venezolanos suficiente dinero como para reconstruir por completo el sistema eléctrico que el propio chavismo destruyó.
Y probablemente todavía no conocemos ni la mitad del saqueo cuyos montos son de cientos y cientos de miles de millones de dólares.
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Zapatero iba a Venezuela a chantajear a presos políticos y exigir, cual mafioso, silencio a sus familias. Luego cobraba dinero de la corrupción y del ecocidio del Arco Minero del Orinoco. José Luis Rodríguez Zapatero es un criminal. Y también quienes trabajaron con y para él.
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¡MADURO ESTÁ MÁS HUNDIDO QUE NUNCA! 🇺🇸🇻🇪
La Fiscalía de Estados Unidos lanzó una segunda investigación penal contra Nicolás Maduro por delitos financieros, lavado de dinero a gran escala y una red de corrupción ligada al chavismo.
Según reportes, el caso está vinculado a Alex Saab y a una estructura de sociedades fantasma que usaron para mover millones, blanquear recursos y financiar el régimen.
Este nuevo mazazo judicial corre en paralelo a las otras causas que ya pesan sobre Maduro en EE.UU. Ya no es una, son múltiples investigaciones que le cierran el cerco.
El dictador que se cree intocable está cada vez más acorralado. Sus días de impunidad se están acabando.
Fuente: Reuters / ABC
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SQUARE ENIX DEBIÓ CREAR GENSHIN IMPACT
Un exdirector de Square Enix acaba de declarar que el mayor error histórico de la corporación fue permitir que otro estudio inventara la fórmula de Genshin Impact antes que ellos.
Tras analizar la reciente caída financiera de 2026, Jacob Navok culpó a la burocracia por arruinar el futuro de la marca. "La empresa está tan acostumbrada a ser lenta que no puede imaginar cómo sería actuar con rapidez", sentenció, señalando que tenían toda la experiencia técnica para dominar el mercado pero prefirieron estancarse produciendo remakes.
Mientras los gigantes japoneses siguen ahogados en papeleo, la competencia extranjera ya se quedó con el monopolio y el dinero de las nuevas generaciones.
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UMA MUSUME RECAUDA 1.8 MILLONES PARA CABALLOS
Las organizaciones benéficas llevan décadas pidiendo donativos en las calles, pero los fanáticos del anime acaban de demostrar que son infinitamente más eficientes financiando causas reales.
La campaña para mantener a los caballos de carreras jubilados en Japón superó la absurda cifra de 1.8 millones de dólares recaudados en la última década. Las cifras explotaron mágicamente tras el lanzamiento del juego "Uma Musume", disparando los ingresos anuales a más de 300,000 dólares gracias a los jugadores internacionales.
El dinero se destina directamente a comida, cama y mantenimiento de los caballos reales que inspiraron a las horse girls.
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Hoy prendo temprano porque van a cerrar el servidor temprano durante todo el fin de semana porque Quackity ya se quedó sin dinero