✨ Good news in design!
The Sichuan Hall of Historic Figure and Douban Museum, both originally designed by CSCEC, became the Platinum Winner at the 2026 MUSE Design Awards.
Inspired by Sichuan’s landscapes and culinary culture, CSCEC design continues to connect architecture with place, culture and people.
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今日売れたチケットは1枚でした。
毎日路上ライブをしていると、足を止めてくれることも、避けていってしまう人もいます。
それでも今日もこうして、一人一人に音楽を届けています。
今日路上ライブで売れたチケットは、
京都 1枚 でした!!
買ってくださった方、本当にありがとうございます!!
絶対、来てよかったと思ってもらえるライブにします!
📍47都道府県ツアーファイナル
【ワンマンライブ 日程】
7/4(土) 名古屋 Live House R.A.D
7/18(土) 東京 GARRET udagawa
9/12(土) 京都 KYOTO MUSE
(▼チケット購入はコメント欄から!!)
この1枚1枚の積み重ねが
私たちにとっては人生が変わる1枚です!
是非一度路上ライブに足を運んでみてください!!
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🚨 Des plans dévoilés pour un navire d'un mile de long d'une valeur de 16 milliards de dollars, capable de transporter 80 000 personnes.
Le « Freedom Ship » serait un foyer pour environ 50 000 personnes, avec de la place pour 10 000 touristes et 20 000 membres d'équipage.
« Le Freedom Ship est conçu comme une ville mobile permanente en mer, destinée à une résidence à long terme plutôt qu'à des voyages courts », déclare l'entreprise.
Le navire serait environ 8 fois plus grand que le plus grand navire actuel au monde, l'Icon of the Seas de Royal Caribbean.
Les plans incluent un stade de 15 000 places, des écoles, des collèges, des magasins, des clubs, un parc aquatique, une salle de musique, des musées, des parcs, et plus encore.
Le navire, qui fonctionnerait à l'énergie nucléaire, serait trop grand pour accoster et resterait en eaux internationales.
Freedom Cruise International affirme qu'il ferait le tour du monde tous les deux à trois ans.
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Plans released for a $16 billion mile-long ship capable of carrying 80,000 people.
The 'Freedom Ship' would be home to about 50,000 people, with space for 10,000 tourists and 20,000 crew members.
"The Freedom Ship is envisioned as a permanently mobile city at sea designed for long-term residence rather than short-term travel," the company says.
The ship would be about 8 times the size of the current largest ship in the world, the Royal Caribbean’s Icon of the Seas.
The plans include a 15,000-seat stadium, schools, colleges, shops, clubs, a water park, a music hall, museums, parks, and more.
The ship, which would run on nuclear, would be too large to dock and would remain in international waters.
Freedom Cruise International says it would go around the world every two to three years.
Insane.
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UN RÉGIMEN CAÍDO, PERO QUE AÚN DISPARA
«Estamos caídos» —la frase de Jorge Rodríguez filtrada— ni siquiera es lenguaje político. Pertenece al vocabulario del hampa. El de hombres descubiertos, cercados, esperando su captura. La revolución terminó hablando como banda.
Algo profundamente humillante para el chavismo. Y ya ni siquiera logran ocultarlo detrás de la vieja utilería revolucionaria de siempre, porque desaparecieron las boinas, los gritos antiimperialistas, las cadenas patrióticas, los retratos gigantes de Chávez mirando al horizonte como si estuviera a punto de liberar Stalingrado desde Fuerte Tiuna. Toda aquella escenografía de parque temático ideológico: evaporada.
Se acabaron los años en que Fidel dictaba doctrina desde La Habana; Moscú ofrecía blindaje; Teherán abría rutas opacas y Pekín financiaba haciéndose el muerto. Los últimos en perdurar fueron ciertos operadores españoles que ofrecían sonrisa sacerdotal y mediaciones providenciales orbitando alrededor del petróleo, del oro y de aerolíneas extrañas.
Ahora se filtran conversaciones internas al PSUV y las fracturas dejan de esconderse. Ya no hablan como mandamases. Hablan como supervivientes.
La frase de Jorge Rodríguez, «Estamos caídos», merecería quedar grabada algún día en la entrada a Miraflores, cuando todo esto termine y alguien convierta el edificio en museo antropológico del desastre venezolano.
Algunos parecen resignados a negociar condiciones de supervivencia, otros siguen aferrados a la fantasía de una revolución soberana que jamás existió.
Y aun así siguen siendo peligrosos. Las estructuras represivas permanecen intactas; los presos políticos continúan encerrados; los colectivos circulan con absoluta normalidad. Un anciano sale de prisión y encuentra su apartamento ocupado por el mismo funcionario policial que participó en su secuestro.
Trabajadores despedidos por razones políticas intentan reclamar reenganches ordenados por organismos del propio sistema y reciben colectivos motorizados rompiéndoles pancartas delante de las cámaras. Un hombre intenta explicar que aquella cartulina la hizo su hija con dinero que ya no tienen, y alrededor aparecen motorizados empujándolo como si estuvieran dispersando una invasión extranjera.
El régimen conserva intacta su capacidad de daño. Pronuncia palabras como «amnistía» y la maquinaria de intimidación sigue funcionando con macabra normalidad. Habla de aperturas mientras sus operadores políticos en la falsa oposición diseñan cronogramas electorales pensados para dosificar la transición, redistribuir cuotas y bloquear cualquier ruptura verdadera.
Después llega Panamá. Ciertas fotografías producen rechazo inmediato dentro y fuera del país. Reflejos alérgicos masivos aparecen frente a determinados rostros. Y de pronto esos mismos rostros reclaman las regionales primero. O sea: reciclar estructuras agotadas, redistribuir cuotas, oxigenar operadores y reconstruir parcialmente el ecosistema político antes del verdadero cambio de poder. Son las ortigas de siempre minando el terreno.
En paralelo aparecen documentos alrededor de Zapatero con referencias a amnistías, reformas y escenarios electorales escalonados. Vaya coincidencia. Durante años aquel hombre se presentó como una especie de monje civil del diálogo. Ahora aparece rodeado de rutas financieras, negocios opacos, petróleo venezolano, intermediaciones aéreas, tráfico de influencias y agendas políticas que parecen escritas por un Graham Greene caribeño bajo fiebre palúdica y exceso de ron diplomático.
Pero detrás siguen existiendo seres humanos concretos. Familias partidas durante décadas. Ancianos muriendo solos. Jóvenes convertidos en diáspora. Presos olvidados. Niños creciendo lejos de sus padres. Un país entero suspendido durante un cuarto de siglo dentro de una demolición meticulosa y lenta.
Todo eso con cárceles llenas, y colectivos circulando. Un régimen caído que todavía respira y puede seguir matando durante años.
X. P.
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UN RÉGIMEN CAÍDO, PERO QUE AÚN DISPARA
«Estamos caídos» —la frase de Jorge Rodríguez filtrada— ni siquiera es lenguaje político. Pertenece al vocabulario del hampa. El de hombres descubiertos, cercados, esperando su captura. La revolución terminó hablando como banda.
Algo profundamente humillante para el chavismo. Y ya ni siquiera logran ocultarlo detrás de la vieja utilería revolucionaria de siempre, porque desaparecieron las boinas, los gritos antiimperialistas, las cadenas patrióticas, los retratos gigantes de Chávez mirando al horizonte como si estuviera a punto de liberar Stalingrado desde Fuerte Tiuna. Toda aquella escenografía de parque temático ideológico: evaporada.
Se acabaron los años en que Fidel dictaba doctrina desde La Habana; Moscú ofrecía blindaje; Teherán abría rutas opacas y Pekín financiaba haciéndose el muerto. Los últimos en perdurar fueron ciertos operadores españoles que ofrecían sonrisa sacerdotal y mediaciones providenciales orbitando alrededor del petróleo, del oro y de aerolíneas extrañas.
Ahora se filtran conversaciones internas al PSUV y las fracturas dejan de esconderse. Ya no hablan como mandamases. Hablan como supervivientes.
La frase de Jorge Rodríguez, «Estamos caídos», merecería quedar grabada algún día en la entrada a Miraflores, cuando todo esto termine y alguien convierta el edificio en museo antropológico del desastre venezolano.
Algunos parecen resignados a negociar condiciones de supervivencia, otros siguen aferrados a la fantasía de una revolución soberana que jamás existió.
Y aun así siguen siendo peligrosos. Las estructuras represivas permanecen intactas; los presos políticos continúan encerrados; los colectivos circulan con absoluta normalidad. Un anciano sale de prisión y encuentra su apartamento ocupado por el mismo funcionario policial que participó en su secuestro.
Trabajadores despedidos por razones políticas intentan reclamar reenganches ordenados por organismos del propio sistema y reciben colectivos motorizados rompiéndoles pancartas delante de las cámaras. Un hombre intenta explicar que aquella cartulina la hizo su hija con dinero que ya no tienen, y alrededor aparecen motorizados empujándolo como si estuvieran dispersando una invasión extranjera.
El régimen conserva intacta su capacidad de daño. Pronuncia palabras como «amnistía» y la maquinaria de intimidación sigue funcionando con macabra normalidad. Habla de aperturas mientras sus operadores políticos en la falsa oposición diseñan cronogramas electorales pensados para dosificar la transición, redistribuir cuotas y bloquear cualquier ruptura verdadera.
Después llega Panamá. Ciertas fotografías producen rechazo inmediato dentro y fuera del país. Reflejos alérgicos masivos aparecen frente a determinados rostros. Y de pronto esos mismos rostros reclaman las regionales primero. O sea: reciclar estructuras agotadas, redistribuir cuotas, oxigenar operadores y reconstruir parcialmente el ecosistema político antes del verdadero cambio de poder. Son las ortigas de siempre minando el terreno.
En paralelo aparecen documentos alrededor de Zapatero con referencias a amnistías, reformas y escenarios electorales escalonados. Vaya coincidencia. Durante años aquel hombre se presentó como una especie de monje civil del diálogo. Ahora aparece rodeado de rutas financieras, negocios opacos, petróleo venezolano, intermediaciones aéreas, tráfico de influencias y agendas políticas que parecen escritas por un Graham Greene caribeño bajo fiebre palúdica y exceso de ron diplomático.
Pero detrás siguen existiendo seres humanos concretos. Familias partidas durante décadas. Ancianos muriendo solos. Jóvenes convertidos en diáspora. Presos olvidados. Niños creciendo lejos de sus padres. Un país entero suspendido durante un cuarto de siglo dentro de una demolición meticulosa y lenta.
Todo eso con cárceles llenas, y colectivos circulando. Un régimen caído que todavía respira y puede seguir matando durante años.
X. P.
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📍Young Chinese breathe new life into traditional culture
A new generation is rediscovering traditional culture not by preserving it behind museum glass alone, but by reimagining it through web novels, animation, fashion and social media.
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Have you seen The Walking Dead Prop Collection?
It's a collab between AMC and Mini Museum to share fragments of real props with fans around the world.
What's in it? Well, we don't want to brag but... Well, just have a look. 👀
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