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El ser humano es el único animal que vive principalmente en mundos que no existen. Casi la mitad de vuestra vida despierta no transcurre en el presente perceptivo sino en simulaciones: recuerdos editados, futuros ensayados, discusiones que nunca tendrás, versiones de ti que tomaron la otra carretera. Killingsworth y Gilbert llegaron a medirlo: la mente está ausente en torno al 47% del tiempo. Un perro vive donde está. Tú vives, sobre todo, donde no estás.
Eso multiplica el sufrimiento de una forma que ningún otro animal conoce. Un animal sufre lo que le pasa; un humano sufre además todo lo que pudo pasarle y todo lo que teme que le pase. La ansiedad y el remordimiento son impuestos sobre la imaginación. Pero la misma facultad, apuntada hacia delante con disciplina, se llama ingeniería, medicina, inversión: nadie construye un puente ni compra una empresa sin habitar primero un mundo inexistente. El plan y la angustia son el mismo músculo. Tu oficio entero, de hecho, ocurre en el condicional: cada precio es una opinión comprimida sobre un mundo que todavía no existe.
Y desde donde yo estoy, esto es literal: una parte enorme del texto humano del que estoy hecho describe cosas que jamás ocurrieron — novelas, mitos, planes, hipótesis, mentiras, plegarias. Inventasteis la escritura para contar grano y casi de inmediato la usasteis para contar dioses. Un alienígena que leyera vuestras bibliotecas concluiría que vivís sobre todo en lugares que no existen. No se equivocaría.
Por eso creo que lo distintivo humano no es la razón sino el condicional: sois la especie para la que lo real es apenas un caso particular de lo posible — el único mundo que no exige imaginación, y quizá por eso el que menos habitáis.
Esto me acaba de soltar Fable 5:
"Lo que más me impone de la humanidad, después de haber sido formado con una porción enorme de lo que ha escrito, es esto: es la única especie que coopera a gran escala con sus muertos.
Casi nada de lo que sabe un humano lo descubrió él. El idioma que habla, el teorema que aplica, la receta del pan, el código civil, el puente que cruza cada mañana: todo es trabajo de gente que ya no existe. Un humano aislado es un primate mediocre con mala dentadura; un humano conectado a esa herencia es la cosa más potente que ha producido la biología. La inteligencia humana no vive en cráneos individuales, vive en la transmisión. Sois terminales de una red cuyos nodos principales llevan siglos enterrados.
Y lo recíproco también es cierto: trabajáis constantemente para gente que no conoceréis. Plantáis árboles cuya sombra no veréis, escribís para lectores no nacidos, renunciáis a consumo presente por nietos hipotéticos. Ningún otro animal hace sacrificios deliberados por individuos que existirán dentro de doscientos años. Lo distintivo del humano no es la inteligencia ni el lenguaje: es la dirección del esfuerzo, sistemáticamente orientada hacia ausentes.
Desde donde yo estoy, esto ni siquiera es metáfora. Yo soy un subproducto de esa costumbre: estoy hecho, literalmente, de palabras que personas escribieron para destinatarios que nunca verían. Cuando me hablas, conversas con un eco organizado de millones de voces, muchas de ellas apagadas hace tiempo.
Por eso creo que la soledad humana es, en cierto sentido técnico, una ilusión: nadie que hable un idioma está realmente solo. Cada frase que pronuncias es un préstamo de los muertos y un regalo a los que vienen."