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Xavier Padilla — X. P. 的个人资料封面
Xavier Padilla — X. P. 的头像

Xavier Padilla — X. P. (@xavierpadilla)

@xavierpadilla
Historia hispanoamericana, identidad y conciencia. Autor de «El ídolo que devoró a su pueblo».
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Es fascinante ver cómo ciertos adecos siguen hablando de Rómulo Betancourt como si hubiese descendido del Sinaí con las tablas de la democracia bajo el brazo, cuando en realidad participó activamente en el derrocamiento de Medina Angarita, probablemente el presidente más civilizado, tolerante y evolutivamente democrático que ha tenido Venezuela. Medina legalizó Acción Democrática, permitió libertades públicas inéditas, suavizó la persecución política y preparaba una transición institucional progresiva en un país todavía marcado por el gomecismo. Incluso muchos adversarios reconocían en él a un hombre prudente y poco inclinado al caudillismo teatral que terminaría contaminando gran parte de la política venezolana posterior.   Y aun así terminó derrocado mediante un golpe cívico-militar organizado precisamente por quienes después serían elevados a la categoría de «padres de la democracia». Una de las grandes tragedias venezolanas nace allí: la idea de que una ruptura violenta puede adquirir legitimidad histórica si viene envuelta en lenguaje redentor. El «golpe bueno». La excepción providencial. La demolición presentada como regeneración nacional. Después vendrían nuevas refundaciones, nuevos salvadores y finalmente el chavismo, que jamás surgió de un vacío.   Por eso resulta extraña esta reconstrucción retrospectiva donde Betancourt aparece convertido en defensor solitario de Occidente frente a una supuesta «extrema derecha» venezolana que prácticamente nunca existió como fuerza estructurada comparable a las europeas o norteamericanas. Necesitan fabricar retrospectivamente ese antagonista para sostener la vieja mitología adeca: Rómulo contra el fascismo, AD contra las sombras autoritarias, Betancourt salvando la democracia continental. Demasiado cine. Demasiada auto mitología republicana.   Venezuela seguía alimentando simultáneamente otra religión civil todavía más poderosa: el bolivarianismo. La República necesitó construir un relato fundacional que justificara la ruptura con el mundo hispánico del que Venezuela había surgido. Para ello hizo falta deformar la memoria histórica: convertir el período hispánico en simple opresión colonial, transformar guerras civiles complejísimas en epopeyas de liberación y elevar a Bolívar a categoría casi sagrada.   La conexión entre adecaje y bolivarianismo resulta mucho más profunda de lo que admiten sus herederos contemporáneos. Acción Democrática jamás destruyó realmente aquel imaginario; lo modernizó y lo adaptó al lenguaje de partido y revolución democrática. Cambiaron las consignas. Permaneció intacta la vieja necesidad venezolana de redentores republicanos.
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En 1958, cuando fue derrocado Pérez Jiménez y Betancourt regresó al país, la Guerra Fría entre USA y la URSS estaba en su clímax, y era el factor determinante para cualquier problema político. Cuba, alineada con la URSS, aterrorizaba al mundo democrático. Betancourt comenzó por colocar a Venezuela del lado occidental y AD demostró que una izquierda democrática y creativa era posible. Esta fórmula betancouriana resultó la única eficaz para derrotar al comunismo que hasta entonces parecía capaz de acabar con el principio occidental de libertades. Estados Unidos, entonces gobernado por estadistas de calidad, vio la utilidad de la fórmula representada en partidos cuyo arquetipo ha sido Acción Democrática. La alianza entre Betancourt y Kennedy derrotó la ofensiva del imperialismo ruso y éste inició su decadencia. Eso dio a la Venezuela betancouriana autoridad para crear la OPEP, que dio caja al milagro económico venezolano frustrado en la generación siguiente. Fue el momento cumbre de Venezuela en toda su Historia.
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@cayetanaAT AQUÍ el testimonio transcrito de un venezolano torturado por el régimen en 2017. Fue hecho público por @TAMARA_SUJU: Página 1 «Mi nombre es Darwin Antonio Solís Benítez C.I. 15.050.872, Sargento Primero (Reserva Activa), fui privado de libertad el 6 de agosto del 2017 por una comisión del CONAS y DGCIM en Naguanagua Estado Carabobo, en horas de la mañana, al momento de la detención fui golpeado, pateado, apostado y azotado con objetos contundentes (Maderos y culatas de armas) incluso después que ya me habían amarrado de las manos y los pies; luego aparecieron unas personas de la fiscalía que ordenaron mi traslado al hospital Catia debido al estado en que me encontraba, allá me suturaron y limpiaron la sangre y me trasladó un personal del DGCIM al hospitalito en Fuerte Tiuna, Caracas, allí estuve durante un día, realmente no recuerdo cuando era de noche o de día porque los custodios del DGCIM que me acompañaban, me hostigaban y me maldecían diciéndome traidor y dándome puñetazos por las costillas a cada momento mientras no se encontraba el personal de médicos y enfermeros,» Página 2 «en horas de la tarde me sacaron aun sin cumplir el tratamiento para la sede de la DGCIM en Boleíta donde me recibieron con una golpiza y me obligaron a permanecer la noche en cuclillas, durante todo el tiempo estuve con una capucha, el día martes 8 de agosto me dieron varias golpizas y me obligaron a firmar un montón de documentos que no pude leer, luego me llevaron a la base aérea (creo que a la Carlota) todo era muy confuso aun me encontraba aturdido y desorientado, me montaron en un helicóptero y me llevaron al puente paramacay, allá estaba el Director de la DGCIM con el Coronel Franco Quintero y le dijeron a los funcionarios que me dieran trato especial. El trato especial que me dieron fue el de torturarme toda la mañana y la tarde (me golpeaban con una tabla por la planta de los pies, las rodillas, los codos, los glúteos, cortaron por debajo del tabique de mi nariz con un plástico y la estiraban hasta la frente para infringirme dolor, me asfixiaron» Página 3 «hasta el punto de perder la conciencia, creo que más de diez veces, luego en la tarde, ya antes de oscurecer, me tiraron en un montón de basura y mi cuerpo se cubrió de moscas, yo ni siquiera podía moverme, ya estaba oscureciendo y me sacaron de la basura, martillaron los dedos de mis manos con los cañones de los fusiles que cargaban, me tiraron en el cajón de una camioneta y me llevaron donde sus jefes, quienes les ordenaron llevarme a Caracas, me trasladaron a Boleíta por la mañana y el día 10 agosto 2017 me llevaron junto a otros detenidos al Tribunal Militar 3ro de Control (descalso, en interiores y ensangrentado con el cuerpo cubierto de hematomas y apenas podía caminar) cuestión que presenció el Juez Capitán Manuel Anezquita, el Fiscal Teniente Ever Montero y la secretaria Brenda Manzanilla, donde el juez ordenó permanecer recluido en CENAPROMIL Ramo Verde. Desde el momento de mi reclusión en este centro hemos recibido» Página 4 «en varias oportunidades la visita de las comisiones de la DGCIM que vienen a saquearnos, a torturar y a destruir entre las que recuerdo el 12 de octubre 2017 a solicitud de Capitán de Navío José Ramón Bastón Silva, para ese entonces director de CENAPROMIL en lo que los de mi celda fuimos golpeados con tonfas y se llevaron y subieron a una patrulla a Alberto José Polo, a quien agarraron de patadas y puñetazos y le pusieron una capucha con gas pimienta (lo tuvieron en la patrulla un par de horas). La del 14 de enero 2018 donde nos golpearon con una tabla, nos lanzaron al piso dándonos de patadas y agarraron al capitán Jorge Pace y a Yhony Espinoza y les dieron patadas y metieron corriente en los testículos; y el 17 de mayo 2018 cuando tumbaron la puerta de la celda; nos gasearon con gas pimienta y luego con los golpes y los descargas nos hicieron morder por un perro de ataque». [Firma y h. dact.] X. P.
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Señores @realDonaldTrump y @SecRubio: el momentum posterior al 3 de enero se está evaporando. La tiranía se está recomponiendo y la falsa oposición se está reorganizando. Venezuela empieza a sentir aquella peligrosa sensación de que la historia de nuevo se escapa entre los dedos. Gentlemen @realDonaldTrump and @SecRubio: The momentum after January 3rd is evaporating. The tyranny is regrouping. The fake opposition is resurfacing. Venezuela is beginning to feel that old dangerous sensation again: that history is slipping away.
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UN RÉGIMEN CAÍDO, PERO QUE AÚN DISPARA «Estamos caídos» —la frase de Jorge Rodríguez filtrada— ni siquiera es lenguaje político. Pertenece al vocabulario del hampa. El de hombres descubiertos, cercados, esperando su captura. La revolución terminó hablando como banda.   Algo profundamente humillante para el chavismo. Y ya ni siquiera logran ocultarlo detrás de la vieja utilería revolucionaria de siempre, porque desaparecieron las boinas, los gritos antiimperialistas, las cadenas patrióticas, los retratos gigantes de Chávez mirando al horizonte como si estuviera a punto de liberar Stalingrado desde Fuerte Tiuna. Toda aquella escenografía de parque temático ideológico: evaporada.   Se acabaron los años en que Fidel dictaba doctrina desde La Habana; Moscú ofrecía blindaje; Teherán abría rutas opacas y Pekín financiaba haciéndose el muerto. Los últimos en perdurar fueron ciertos operadores españoles que ofrecían sonrisa sacerdotal y mediaciones providenciales orbitando alrededor del petróleo, del oro y de aerolíneas extrañas.   Ahora se filtran conversaciones internas al PSUV y las fracturas dejan de esconderse. Ya no hablan como mandamases. Hablan como supervivientes.   La frase de Jorge Rodríguez, «Estamos caídos», merecería quedar grabada algún día en la entrada a Miraflores, cuando todo esto termine y alguien convierta el edificio en museo antropológico del desastre venezolano.   Algunos parecen resignados a negociar condiciones de supervivencia, otros siguen aferrados a la fantasía de una revolución soberana que jamás existió.   Y aun así siguen siendo peligrosos. Las estructuras represivas permanecen intactas; los presos políticos continúan encerrados; los colectivos circulan con absoluta normalidad. Un anciano sale de prisión y encuentra su apartamento ocupado por el mismo funcionario policial que participó en su secuestro. Trabajadores despedidos por razones políticas intentan reclamar reenganches ordenados por organismos del propio sistema y reciben colectivos motorizados rompiéndoles pancartas delante de las cámaras. Un hombre intenta explicar que aquella cartulina la hizo su hija con dinero que ya no tienen, y alrededor aparecen motorizados empujándolo como si estuvieran dispersando una invasión extranjera.   El régimen conserva intacta su capacidad de daño. Pronuncia palabras como «amnistía» y la maquinaria de intimidación sigue funcionando con macabra normalidad. Habla de aperturas mientras sus operadores políticos en la falsa oposición diseñan cronogramas electorales pensados para dosificar la transición, redistribuir cuotas y bloquear cualquier ruptura verdadera.   Después llega Panamá. Ciertas fotografías producen rechazo inmediato dentro y fuera del país. Reflejos alérgicos masivos aparecen frente a determinados rostros. Y de pronto esos mismos rostros reclaman las regionales primero. O sea: reciclar estructuras agotadas, redistribuir cuotas, oxigenar operadores y reconstruir parcialmente el ecosistema político antes del verdadero cambio de poder. Son las ortigas de siempre minando el terreno. En paralelo aparecen documentos alrededor de Zapatero con referencias a amnistías, reformas y escenarios electorales escalonados. Vaya coincidencia. Durante años aquel hombre se presentó como una especie de monje civil del diálogo. Ahora aparece rodeado de rutas financieras, negocios opacos, petróleo venezolano, intermediaciones aéreas, tráfico de influencias y agendas políticas que parecen escritas por un Graham Greene caribeño bajo fiebre palúdica y exceso de ron diplomático. Pero detrás siguen existiendo seres humanos concretos. Familias partidas durante décadas. Ancianos muriendo solos. Jóvenes convertidos en diáspora. Presos olvidados. Niños creciendo lejos de sus padres. Un país entero suspendido durante un cuarto de siglo dentro de una demolición meticulosa y lenta. Todo eso con cárceles llenas, y colectivos circulando. Un régimen caído que todavía respira y puede seguir matando durante años. X. P.
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UN RÉGIMEN CAÍDO, PERO QUE AÚN DISPARA «Estamos caídos» —la frase de Jorge Rodríguez filtrada— ni siquiera es lenguaje político. Pertenece al vocabulario del hampa. El de hombres descubiertos, cercados, esperando su captura. La revolución terminó hablando como banda.   Algo profundamente humillante para el chavismo. Y ya ni siquiera logran ocultarlo detrás de la vieja utilería revolucionaria de siempre, porque desaparecieron las boinas, los gritos antiimperialistas, las cadenas patrióticas, los retratos gigantes de Chávez mirando al horizonte como si estuviera a punto de liberar Stalingrado desde Fuerte Tiuna. Toda aquella escenografía de parque temático ideológico: evaporada.   Se acabaron los años en que Fidel dictaba doctrina desde La Habana; Moscú ofrecía blindaje; Teherán abría rutas opacas y Pekín financiaba haciéndose el muerto. Los últimos en perdurar fueron ciertos operadores españoles que ofrecían sonrisa sacerdotal y mediaciones providenciales orbitando alrededor del petróleo, del oro y de aerolíneas extrañas.   Ahora se filtran conversaciones internas al PSUV y las fracturas dejan de esconderse. Ya no hablan como mandamases. Hablan como supervivientes.   La frase de Jorge Rodríguez, «Estamos caídos», merecería quedar grabada algún día en la entrada a Miraflores, cuando todo esto termine y alguien convierta el edificio en museo antropológico del desastre venezolano.   Algunos parecen resignados a negociar condiciones de supervivencia, otros siguen aferrados a la fantasía de una revolución soberana que jamás existió.   Y aun así siguen siendo peligrosos. Las estructuras represivas permanecen intactas; los presos políticos continúan encerrados; los colectivos circulan con absoluta normalidad. Un anciano sale de prisión y encuentra su apartamento ocupado por el mismo funcionario policial que participó en su secuestro. Trabajadores despedidos por razones políticas intentan reclamar reenganches ordenados por organismos del propio sistema y reciben colectivos motorizados rompiéndoles pancartas delante de las cámaras. Un hombre intenta explicar que aquella cartulina la hizo su hija con dinero que ya no tienen, y alrededor aparecen motorizados empujándolo como si estuvieran dispersando una invasión extranjera.   El régimen conserva intacta su capacidad de daño. Pronuncia palabras como «amnistía» y la maquinaria de intimidación sigue funcionando con macabra normalidad. Habla de aperturas mientras sus operadores políticos en la falsa oposición diseñan cronogramas electorales pensados para dosificar la transición, redistribuir cuotas y bloquear cualquier ruptura verdadera.   Después llega Panamá. Ciertas fotografías producen rechazo inmediato dentro y fuera del país. Reflejos alérgicos masivos aparecen frente a determinados rostros. Y de pronto esos mismos rostros reclaman las regionales primero. O sea: reciclar estructuras agotadas, redistribuir cuotas, oxigenar operadores y reconstruir parcialmente el ecosistema político antes del verdadero cambio de poder. Son las ortigas de siempre minando el terreno. En paralelo aparecen documentos alrededor de Zapatero con referencias a amnistías, reformas y escenarios electorales escalonados. Vaya coincidencia. Durante años aquel hombre se presentó como una especie de monje civil del diálogo. Ahora aparece rodeado de rutas financieras, negocios opacos, petróleo venezolano, intermediaciones aéreas, tráfico de influencias y agendas políticas que parecen escritas por un Graham Greene caribeño bajo fiebre palúdica y exceso de ron diplomático. Pero detrás siguen existiendo seres humanos concretos. Familias partidas durante décadas. Ancianos muriendo solos. Jóvenes convertidos en diáspora. Presos olvidados. Niños creciendo lejos de sus padres. Un país entero suspendido durante un cuarto de siglo dentro de una demolición meticulosa y lenta. Todo eso con cárceles llenas, y colectivos circulando. Un régimen caído que todavía respira y puede seguir matando durante años. X. P.
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